LIDERAGORA.net | El blog de Daniel Sánchez Reina

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La nueva política: luces y sombras

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La nueva política: luces y sombras

Para el autor, “algunas propuestas tienen buena música… otras desprenden un aroma a antiguo camuflado con ambientador de modernidad”.

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luces y sombras

La nueva configuración política en los ayuntamientos y algunas autonomías surgida de las recientes elecciones municipales y autonómicas ha concedido el poder a formaciones surgidas del movimiento 15M, aquella manifestación del 15 de mayo de 2011 y posteriores acampadas, que reivindicaban otra forma de hacer política donde el ciudadano fuera el eje central.

Con independencia de que guste más o menos a algunos sectores de la ciudadanía, estas victorias de formaciones recién aparecidas recogen un hastío ciudadano y denotan avidez de cambios, sintetizados de modo icónico en la frase ‘no hay que rescatar a los bancos sino a las personas’. Es un cambio que se puede calificar de histórico, y ya se verá si va perdiendo fuelle o se consolida. Dependerá de la gestión que realicen los ayuntamientos y autonomías donde gobiernan estas formaciones de unidad popular.

Vamos oyendo algunas de las acciones políticas que pretenden llevar a cabo. También van destilándose perfiles y formas de entender la convivencia democrática. Algunas propuestas tienen buena música y confío en que la letra contribuya a perfeccionar la canción en lugar de destrozarla, otras desprenden un aroma a antiguo camuflado con ambientador de modernidad, y otras son propias de quien ha pisado poco la calle o solo conoce una calle estrecha y corta.

Me surgen algunas dudas sobre la eficiencia de la gestión pública que realizarán. En las declaraciones de algunos de los mandatarios de estas nuevas formaciones se deriva la creencia, asentada y creciente en algunos sectores de la sociedad, de que generar ingresos es pecado. Proviene de un mito secular según el cual las empresas son malas y los trabajadores son buenos por definición, de ahí la demonización de la generación de ingresos. Cuidado con estas creencias. No dudo de la buena fe de quien las emite, pero obedecen a un ideal romántico desconectado de la realidad. La única manera de poder proveer de buenos servicios a los ciudadanos es a través de la generación de ingresos por los impuestos que pagan las empresas y los ciudadanos, los cuales provienen de la generación de ingresos de empresas y autónomos. Por tanto, o generamos actividad económica o las administraciones recaudarán muy pocos impuestos. La actividad económica la generan las empresas y autónomos, y para ello hay que facilitarles su labor, no obstaculizarla. Lo que falta, y confío en que sepan aportarlo estos nuevos mandatarios, es un marco regulatorio laboral y fiscal que evite tentaciones de cometer irregularidades por los más poderosos, que minimice prácticas poco transparentes, y que devuelva la dignidad a tantos y tantos trabajadores que conforman el precariado.

Ojo con el ideal romántico porque el dinero no llueve del cielo.

Otros comentarios que he escuchado se refieren al no cumplimiento de leyes que les parecen injustas a los nuevos gobernantes. Si una ley no gusta hay que utilizar los mecanismos que la democracia y el Estado de Derecho nos conceden para cambiarla. Hasta que eso no ocurra hay que cumplir la ley. No enterremos a Montesquieu y la separación de poderes, porque ha demostrado ser un instrumento muy útil para generar bienestar y cohesión social y evitar la ley de la selva. Si cada uno que gobernase decidiera unilateralmente qué leyes se cumplen y cuáles no, estaríamos socavando la convivencia pacífica porque el poder ejecutivo estaría ignorando al legislativo y al judicial. No volvamos atrás, por favor. Aprendamos del pasado y valoremos los altos niveles de bienestar que hemos ido conquistando con los siglos, fruto de unas estructuras políticas y sociales que priman la convivencia pacífica. La diferencia entre una supuesta ley injusta en un Estado de Derecho y cualquier ley en un estado antidemocrático es que en el primero se pueden cambiar con voluntad popular y sin traumas.

Otro aspecto que me resulta preocupante es la limitación tan a la baja que pretenden aplicar a los salarios de los políticos. Si lo consiguen desincentivarán la dedicación al noble arte de la política y correremos el riesgo de poblarla de perfiles mediocres. Sí, sabemos que ya está poblada de perfiles mediocres, pero es porque, habiendo donde escoger, se escoge la mediocridad. Imaginemos lo peor que será cuando solo haya mediocridad donde escoger. En mi opinión, lo que debemos conseguir es que sea igualmente atractivo económicamente dedicarse a la política que a la empresa privada. No me refiero a salarios de alto directivo, sino a salarios medios equiparables a cargos de responsabilidad en la empresa privada. Porque ser cargo público es por definición un cargo de responsabilidad en tanto que se actúa representando a los ciudadanos.

La experiencia en la empresa privada también es un buen bagaje para los políticos. Esto es lo que más optimismo me genera de las nuevas formaciones, porque muchos de sus dirigentes han desarrollado trabajos de ciudadano común y corriente, a diferencia de los cuadros políticos que nos han gobernado los últimos 30 años, la mayoría de los cuales tan solo han trabajado como políticos. Dado que tienen que gestionar la cosa pública, es  bueno que conozcan los contextos laborales en los que se desenvuelven los ciudadanos en su día a día. Además, aprenderían a gestionar recursos limitados. En ocasiones, desde la función pública se pierde la perspectiva de que el dinero es de todos. Por tanto, los criterios de eficiencia económica deberían ser más estrictos que en la privada. Si no han tenido esa experiencia laboral, es improbable que desarrollen una labor pública eficiente.

En muchas ocasiones la política es el arte de escoger entre lo malo y lo peor. Los ideales románticos actúan de filtros maniqueos donde los conflictos naturales se convierten en historias de buenos y malos, generando confrontación innecesaria. La frontera entre el ideal romántico y el populismo es muy fina. Todo sería más sencillo si aplicaran pragmatismo por un lado los políticos, y por otro generosidad y comprensión sus votantes ante las decisiones poco románticas que en ocasiones hay que tomar.

Decía el politólogo alemán Robert Mitchells (1876-1936) que ‘toda organización se vuelve oligárquica con el tiempo’. Los líderes políticos, aunque inicialmente inspirados por la voluntad de quienes les auparon al poder, pronto se vuelven conservadores y priman mantener su liderazgo aun a costa de olvidar sus valores iniciales. En otras palabras, las organizaciones políticas tienden a transformarse en un fin en sí mismas. Es la llamada ‘ley de hierro de la oligarquía’. Lo nuevo pronto se torna viejo. Lo revolucionario pronto se torna conservador. ¿Cuánto tardarán en envejecer las nuevas formaciones políticas? Si lo hacen bien, les deseo que se mantengan muy jóvenes por mucho tiempo. Si lo hacen mal, envejecerán pronto ellas solas.

Te deseo lo mejor.

Fotografía Autor Daniel Sánchez Reina

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Esta entrada fue publicada en julio 17, 2015 por y etiquetada con , , , , , .

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