Un espacio de lectura y reflexión sobre Gestión Empresarial y Liderazgo. Y si quieres todavía más… todos los JUEVES a las 16:20 (GMT+1), en CAPITAL RADIO, mi sección "QUIERO SER UN BUEN JEFE"
Los efectos de un liderazgo aletargado pueden llegar a ser muy nocivos.
La motivación del jefe es un asunto sobre el que pocas veces se habla. Si has tenido o tienes responsabilidad sobre equipos de personas, ¿perdiste la motivación alguna vez? Si así fue, ¿detectaste cambios de comportamiento en sus miembros? ¿Disminuyeron sus niveles de compromiso? ¿Se quebró el estado anímico del equipo o continuó operando con normalidad? ¿Percibiste algún efecto?
Uno de los aspectos más destacados en los equipos de alto rendimiento, junto con el Compromiso, es la Cohesión. Un equipo cohesionado genera armonía. La armonía genera un mayor rendimiento y por tanto mejores resultados. El líder tiene la obligación de construir un clima armónico. No debe hacerlo exigiendo sentimientos a sus colaboradores.No tiene ningún sentido. Los sentimientos forman parte de ese arcano llamado ‘química personal’, que o se produce o no se produce, y no se puede forzar. Dicen los anglosajones: ‘you can lead a horse to water, but you can’t make it drink’. Puedes llevar un caballo hacia la orilla del río, pero no conseguirás hacerle beber si no lo desea. Lo que el líder puede y debe demandar a sus colaboradores son comportamientos. A partir de los comportamientos adecuados se consiguen los equipos armónicos.
Solo es posible liderar desde el ejemplo, y por tanto a través de los actos y comportamientos. Un líder requiere de la energía suficiente –compuesta de pasión desde lo emocional, más compromiso desde lo racional, más hábitos saludables desde lo corporal– para poder ser el buen espejo en el que se reflejen sus colaboradores. De hecho no es diferente de lo que requiere cualquier persona para llevar a cabo cualquier proyecto, personal o profesional. Pero el líder tiene una responsabilidad mayor: velar por su propia energía y por la de su equipo. Dado que las emociones son contagiosas –tanto las positivas como las negativas–, una disminución de la energía del líder tendrá un impacto automático en sus colaboradores.
Aquellos jefes que son conscientes de la importancia de su función –no todos lo son, ni siquiera cuando el Excel de los salarios de su equipo les recuerda que cobran de un 15% en adelante más que cualquiera de ellos– y hayan pasado por períodos largos de desmotivación, saben lo agobiante que es observar que el rendimiento general del departamento o de la empresa decae debido a su falta de energía. Dependiendo del contexto se pondrá de manifiesto de diferentes maneras: a través de una pérdida de cohesión del equipo, de la aparición de conflictos territoriales, del surgimiento de personalismos, de la relajación en los estándares de calidad, del pasotismo (‘si el jefe no se preocupa, ¿por qué me tengo que preocupar yo?’), del trabajo inercial sin alma, del zombismo profesional…
Los efectos de un liderazgo aletargado pueden llegar a ser muy nocivos.
¿Qué puede hacer un líder que ha perdido la motivación? La verdad es que se trata de una situación muy compleja para la que no hay soluciones sino palancas a las que puede aferrarse hasta que recupera la energía perdida. El tiempo necesario para revertir la situación estará muy influido por la causa. Si tiene un origen personal, durará hasta que se solucione el problema o hasta que se haya acostumbrado a convivir con él. Si por el contrario la causa es profesional, dependerá mucho de si estamos ante una desafección temporal por una decisión corporativa o estrategia no compartida, o es debido al hastío de la rutina, o se trata de un conflicto sobre valores, cultura o liderazgo de la compañía. Estos últimos tienen muy mal diagnóstico…
Las palancas a las que recomiendo que te aferres temporalmente si eres un jefe des-energizado, son las siguientes:
Estas palancas por sí solas no son sostenibles. Tienen la función de actuar a modo de refugio –o de recordarte que te maltratabas física o mentalmente, si se trata de los dos últimos puntos anteriores– hasta que recuperes la motivación. Lo único que te va a sostener de forma permanente es volver a sentir las ganas de levantarte por la mañana para ir al trabajo.
Si después de un tiempo razonable refugiándote en esas palancas no consigues recuperar la motivación para tu rol de líder, ¿qué te queda? Pues tomar la decisión de abandonar la empresa. Irse es lo más honesto en esas circunstancias. Qué fácil es decirlo, ¿verdad? Pensarás: ‘¿Y quién cubriría entonces mis servidumbres económicas?’. Tienes toda la razón, no es necesario que actúes con temeridad. ¡Pero entonces ponte inmediatamente a buscar otro trabajo! No lo demores más porque te convertirás en un zombi profesional como esos a los que siempre has criticado. Tirarás por la borda tu autoestima y la aspiración a un futuro mejor, fuera de tu estercolero actual.
Te deseo lo mejor.
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Te sigo y te leo tanto a ti como a Isabel, en este artículo reflejas bien la decrepitud de un líder,es difícil llegar pero mas aun mantenerse, y no digamos los que pretenden perpetuarse, aprecio que tu expresión » estercolero» por si sola define el problema, el síndrome de Diógenes esta más extendido de lo que pudiera valorarse a simple vista pues las alfombras tienen múltiples funciones para la «suciedad acumulada», los hay que pasan la aspiradora por la superficie y los hay que ya ni eso…., en unos tiempos en los que las alfombras ya no se estilan los hay que cambian alfombras por moqueta, que se lleva menos a aun, el motivo, fácil, tener donde «esconder» por que? Porque ni las palancas sujetan ya tanto liderazgo encubetado.. No es que no se sepan la letra de la canción, es que solo recitan el himno por aquello del que dirán…. Yo lo llamo liderazgo de pose y perfil… Siempre impecables…. Nunca se mojan… A ellos nunca les salpica porque no se acercan al agua aunque en la foto siempre aparecen con el impermeable de tripulación en los mares escandinavos….. Eso si… Frío, mucho frío si que producen y fomentan a su alrededor… Tanto que congelan el alma!!! Saludos!!
Sí, Enrique, eso que comentas está demasiado extendido. No es un verdadero liderazgo sino un liderazgo de salón.