LIDERAGORA.net | El blog de Daniel Sánchez Reina

Un espacio de lectura y reflexión sobre Liderazgo Empresarial. Y si quieres todavía más… todos los JUEVES a las 16:20 (GMT+1), en CAPITAL RADIO, mi sección "QUIERO SER UN BUEN JEFE"

¿Por qué fallan nuestros propósitos?

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¿Por qué fallan nuestros propósitos?

Soñar está muy bien, pero para avanzar tienes que poner el sueño en acción desde el mismo momento en que has decidido llevarlo a cabo.

Por

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Según un reciente informe realizado por Adecco, los cinco propósitos de los trabajadores españoles para 2017 en el ámbito laboral son: fomentar el compañerismo entre la plantilla, planificarse mejor el trabajo, involucrarse más, ser menos negativos y proponer más soluciones.

Fijémonos que estos propósitos pivotan alrededor de 2 ejes: el fomento de un buen clima laboral por un lado, y el compromiso por el otro.

Es de suponer que, si los trabajadores españoles tenemos esos deseos personales, es que hoy no los practicamos. Y no puedo evitar conectarlo con la secular baja productividad en España. Por una parte, y aunque el informe no habla de ello, constato el terror que provoca a empresarios y directivos transformar la actual cultura de la presencia –el llamado ‘presentismo’, que es un absentismo con presencia física– en una cultura de la eficiencia a través del establecimiento de objetivos. Por otra parte, tal como se deduce del informe, hoy existe poca práctica de todos –y cuando digo todos me refiero al conjunto de trabajadores, jefes incluidos– a crear un buen clima de trabajo y a comprometernos con nuestro trabajo. Es el cóctel perfecto para continuar siendo improductivos hasta que el Sol agote su poder calorífico dentro de 5.000 millones de años.

Un brote de optimismo: el deseo que mostramos por mejorar esos dos aspectos. Estará muy bien si damos los pasos necesarios para convertir esos propósitos en realidad. Estamos rodeados de comentarios del tipo ‘Tengo que cambiar esto en mi trabajo; comenzaré cuando finalice el proyecto que tengo ahora entre manos’; o ‘Tengo que cambiar esto en mi vida; empezaré el 1 de enero’. Los propósitos de estas características están absolutamente vacíos de contenido. O bien queremos engañar a quien nos escucha, o bien queremos engañarnos a nosotros mismos. Si de verdad quisieras cambiar algo importante a tu alrededor, ¿cuándo comenzarías? ¿dentro de unas semanas? Lo que diferencia un propósito vacío de un propósito lleno, también llamado Objetivo, es que este último comienzas a diseñarlo y a trabajarlo desde que estás determinado a llevarlo a cabo. Soñar está muy bien, pero para avanzar tienes que poner el sueño en acción desde el mismo momento en que has decidido llevarlo a cabo: no la semana que viene, sino el minuto que viene.

Vamos a ver cómo puedes conseguir transformar esos propósitos presuntamente vacíos en llenos, es decir, en Objetivos, a través de 4 simples pasos:

1. Tiene que ser Concreto. No sirve de nada decir ‘Tengo que adelgazar haciendo más deporte’. Transfórmalo en, por ejemplo: ‘Tengo que adelgazar y para ello mañana voy a apuntarme a cursos de natación’. No sirve de nada decir ‘Voy a proponer más soluciones en mi trabajo’. Concrétalo diciendo ‘Voy a analizar cómo simplificar el proceso X que me consume tanto tiempo a la semana’. No sirve de nada decir ‘Voy a fomentar el compañerismo’. Transfórmalo diciendo ‘Voy a invitar a tomar un café a ese compañero con el que tengo una relación tensa, le felicitaré por las contribuciones positivas que hizo al proyecto X, y le propondré reunirnos para seguir compartiendo nuestras ideas y continuar mejorándolo’.

2. Tiene que ser Realista. No te pongas como objetivo hacer natación cada día porque no lo harás. Ponte el reto de hacerlo 3 días por semana, con constancia, llueva, truene o nieve. Tampoco pretendas adelgazar 3 kilos cada semana porque eso ni es sano ni es realista. No busques un compañero diferente cada día con quien limar relaciones tensas; con uno a la semana es suficiente. No pretendas mejorar de golpe varios asuntos, selecciona un par para empezar.

3. Ponte un Horizonte Temporal para conseguir tu objetivo. Por ejemplo, perder 10 kilos en 4 meses. Por ejemplo, mejorar la relación con 4 compañeros en los próximos 2 meses. Por ejemplo, comprometerte a mejorar ese par de procesos farragosos en los próximos 3 meses.

4. Los resultados tienen que ser Medibles. Pésate cada 2 semanas. Te servirá no solo para cuantificar el avance, sino como estímulo para continuar. Estima el tiempo que antes te costaba avanzar en cualquier asunto a tratar con esos compañeros de relación tensa, y compáralo con el que te está costando a medida que vas mejorando la relación. Cuenta el tiempo que esos procesos farragosos te consumían antes y compáralo con el actual.

Ya tienes las claves. ¡Ponte a convertir tus propósitos en realidad ya!

Te deseo lo mejor.

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Socio Ejecutivo de la consultora E2-Eficiencia Empresarial.
Autor de El dilema del directivo (LID Editorial).

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Esta entrada fue publicada en enero 11, 2017 por y etiquetada con , , , .

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