LIDERAGORA.net | El blog de Daniel Sánchez Reina

Un espacio de lectura y reflexión sobre Liderazgo Empresarial. Y si quieres todavía más… todos los JUEVES a las 16:20 (GMT+1), en CAPITAL RADIO, mi sección "QUIERO SER UN BUEN JEFE"

¿Cómo gestionar las explosiones emocionales?

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¿Cómo gestionar las explosiones emocionales?

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Todos tenemos en mente ese colaborador eficiente y resolutivo, muy comprometido, tanto, que no puede reprimir su malestar y estalla de forma estentórea cuando algo no le encaja. Su estricto patrón de funcionamiento le impide tolerar lo que considera ineficiencia a su alrededor. Sus explosiones emocionales –a veces manifestadas ante la persona que se las provocó, otras ante su jefe o ante sus compañeros cuando se queja de lo ocurrido– generan un ambiente enrarecido en el equipo. No es fácil para el jefe gestionar esto. No es fácil para los compañeros convivir con una persona así, por muy buen desempeño profesional que demuestre.

No existe ninguna disculpa por su comportamiento. No importa si el fondo de su queja era razonable. No importa si le asistía la razón o no. Perder los estribos le quita cualquier razón que tuviera.

Supongo, querido lector, que la primera sugerencia que te viene a la cabeza hacerle al jefe de la persona explosiva es pedirle a ésta que se contenga. Lamento comunicarte que eso, sin más, no sirve de nada. Reprenderle o amonestarle, sin más, tampoco. Tan solo conseguiremos o bien absolutamente nada o bien una persona desmotivada. Cuando una persona estalla emocionalmente es porque está secuestrada por su hemisferio cerebral derecho, el de las emociones. ¿Qué sentido tiene exigirle a alguien secuestrado que deje de estarlo? Sería tan ineficaz como pedirle a alguien con los pies atados que corra una maratón.

La neurociencia nos enseña que los conflictos tan solo se resuelven desde el hemisferio izquierdo –el de la razón, el analítico-. Permíteme una digresión. La emoción nos nubla, impidiendo llegar a buenos desenlaces. Los negociadores lo saben bien, también los comerciales, los departamentos de atención al cliente, los políticos, los directivos. En mi opinión, en muchos aspectos de la vida las emociones están sobrevaloradas. Hoy en día parece que hasta cuando cruzamos la calle debamos sentir el magma de la Tierra bajo nuestros pies para conectar con nuestro yo más íntimo y ser felices. En algunas materias las emociones tan solo entorpecen. Hoy lo sabemos científicamente. Pero siempre lo hemos sabido de manera natural. Por poner un ejemplo, el ya longevo arte de la diplomacia es el ejercicio de aparcar las emociones y buscar con la razón aquello que nos une, con el fin de evitar que lo que nos separa nos conduzca a la guerra. Cierro digresión.

En consecuencia, como jefe, te sugiero que ayudes a la persona explosiva a que su hemisferio derecho no la secuestre. ¿Cómo? Consiguiendo que transfiera el control al izquierdo, justo antes de explotar. Dicho así parece complicado. Sin embargo es muy simple. Sigue esta sencilla secuencia:

– Primer paso: cuando hayan pasado unas horas del incidente y la persona esté más calmada, mantén una charla en privado con ella. El objetivo es que le expliques cómo te hacen sentir sus estallidos. Fíjate bien que no he dicho que le hagas saber lo que piensas, sino lo que sientes. Utiliza las expresiones que genuinamente sientas, como por ejemplo incomodidad, malestar, confusión, tristeza… No te puede rebatir lo que le estás diciendo. Los sentimientos son inapelables e inopinables, no están sujetos a la polémica ni a la discusión. Automáticamente la persona explosiva entrará en introspección sobre el efecto de sus actos –solo los psicópatas son inmunes a lo que los demás sienten–. Habrás conseguido que, a través del recuerdo de esta conversación contigo, cada vez que note que le da el ataque comience a preparar las maletas para viajar del hemisferio derecho al izquierdo.

– Segundo paso: pídele que proponga cómo puede evitar sus estallidos. La estás forzando a reflexionar y a valorar opciones, y por tanto a transferir el control al hemisferio izquierdo, que es allí donde queremos ubicarla también en estos momentos. Dile que cualquier propuesta debe depender solo de ella, evitando así que desvíe la responsabilidad a lo que supuestamente los demás deberían hacer. No aceptes la típica frase ‘Intentaré mantenerme en calma’, por dos razones: el verbo ‘intentar’ no implica  un compromiso firme y, como antes comenté, no es suficiente y más pronto que tarde volverá a las andadas. En el caso de que a la persona no se le ocurra nada, no te preocupes, está dentro de lo previsto y va todo bien. Hemos activado el hemisferio izquierdo, que era el objetivo de este paso.

– Tercer paso: independientemente de si en el punto anterior la persona hizo alguna propuesta que os satisficiera a ambos o no, ahora el objetivo es  incorporar un cambio físico que la obligue a desviar su atención cuando le da el secuestro emocional. Pídele lo siguiente: cuando sienta que va a estallar debe respirar profundamente tres veces y sustituir el estallido por anotar cuál ha sido el detonante. Durante un tiempo –corto o largo, eso ya lo irás viendo tú– cada quince días os reuniréis para hablar de esa lista de detonantes y tú le darás tu visión sobre cada uno, relativizándolos o confirmándolos. No se trata de que te comprometas a solucionar todas esas fuentes desencadenantes, sino de que ofrezcas una visión más amplia de cada situación –tú eres el jefe y seguro que la tienes–. En ocasiones relativizarás y en otras confirmarás, y en todas ellas la persona observará tu capacidad de hablar serenamente sobre esos temas. Te convertirás en un referente de serenidad y, como efecto colateral positivo, tu autoridad se verá reforzada.

Pruébalo, suele funcionar. Y si sentarte a hablar sobre este tipo de asuntos o mostrar tus sentimientos a tus colaboradores –como es necesario que hagas en el primer paso– te incomoda, es porque todavía no eres un líder maduro. Pero puedes llegar a serlo. Tan solo tienes que conquistar tus miedos. Cuesta, pero vale la pena.

Te deseo lo mejor.

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Socio Ejecutivo de la consultora E2-Eficiencia Empresarial.
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2 comentarios el “¿Cómo gestionar las explosiones emocionales?

  1. josepserracots
    septiembre 10, 2016

    No podemos anular las emociones, todo ser humano, a mi modo de ver estáen un estado emocional, positivo o negativo y esto no es malo, es normal.

    Lo que sí necesitamos es tomar conciencia de nuestro estado y actuar en consecuencia.

    Cualquier persona se siente mal cuando es agredida verbalmente y con un tono excesivamente alto, por tanto si esta situación no nos gusta, es evidente que a nuestros colaboradores tampoco les gustará.

    Lo primero que debemos hacer, es disculparnos por nuestro mal comportamiento y a continuación practicar muchísimo y los demás valorarán nuestro esfuerzo.

  2. Enrique
    septiembre 11, 2016

    En este asunto como en todos hay grados de expresion emocional, y por ello no hay que “negativizar” mas que los estallidos “no medidos y/o controlados” que son a los que me imagino te refieres en este post Daniel. Las muestras de carácter y las reacciones emocionales pre- aprendidas y bien utilizadas en momento y forma son herramientas valiosas para los directivos. Conocer el funcionamiento mente/ cuerpo y saber aplicarlo no es mas que cuestión de estudio y aprendizaje empírico, no se trata de reprimir y si de saber canalizar….. La mesura y la oportunidad es algo a conseguir si persigues alcanzar los objetivos que te propusiste, y para ello altas dosis de psicología y compasión siempre ayudan si las tienes de tu lado claro. Saludos Prof. Sánchez- Reina, un placer como siempre seguirte!! 🙂

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